domingo, 21 de septiembre de 2014

Jorge Luis Borges

Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, e hijo de un profesor, estudió en Ginebra y vivió durante una breve temporada en España relacionándose con los escritores ultraístas. En 1921 regresó a Argentina, donde participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas como Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro en la que publicó esporádicamente; escribió poesía lírica centrada en temas históricos de su país, que quedó recopilada en volúmenes como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). De esta época datan sus relaciones con Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes y Oliveiro Girondo.

En la década de 1930, a los 55 años, a causa de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego. A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional (1938-1947) y, más tarde, llegó a convertirse en su director (1955-1973), luego del ingreso de su odiado Perón como presidente, se vio en la obligación de dejar de trabajar en la biblioteca. Algo que el asume como trampolín para el desarrollo de su carrera como escritor.

Sus posturas políticas evolucionaron desde el izquierdismo juvenil al nacionalismo y después a un liberalismo escéptico desde el que se opuso al fascismo y al peronismo. Fue censurado por permanecer en Argentina durante las dictaduras militares de la década de 1970, aunque jamás apoyó a la Junta militar. Con la restauración democrática en 1983 se volvió más escéptico. Sin duda, un líder de opinión, todo lo referido a comentarios de política sobre de parte de él , siempre es tomado con mucho respeto.

Otro punto saltante en nuestro gran Borges es su negación hacia la existencia de un Dios y de una vida después de la Muerte; y su modestia en cuanto se refiere a sus obras: “Mi obra es una miscelánea, una ilusión óptica lograda por la tipografía”.


Borges, nos cuenta el miedo  que sentía a hablar en público y que eso fue superado gracias a su salido como trabajador de la biblioteca, que más tarde lo llevo casi por la fuerza a dar conferencias y a ser lo que hoy en día es un gran personaje de la literatura y un excelente conferencista.

A lo largo de toda su producción, Borges creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra, exigente con el lector y de no fácil comprensión, debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio autor escribió: "No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura". Ficciones (1944) está considerado como un hito en el relato corto y un ejemplo perfecto de la obra borgiana. Los cuentos son en realidad una suerte de ensayo literario con un solo tema en el que el autor fantasea desde la subjetividad sobre temas, autores u obras; se trata pues de una ficción presentada con la forma del cuento en el que las palabras son importantísimas por la falsificación (ficción) con que Borges trata los hechos reales. Cada uno de los cuentos de Ficciones está considerado por la crítica como una joya, una diminuta obra maestra.

Borges es catalogado como escritor cerebral, pues el mismo refiere en la entrevista hecha por Cesar Hildebrant, que es incapaz de pensamientos abstractos y que solo se deja llevar por la belleza  de una frase. Jorge es un personaje modesto pues no considera a ninguno de sus escritos como verdadera obra, hace una única excepción con “El prólogo de Lugones”, ya que dice ser una de sus mejores obras.

Jorge Luis Borges es considerado uno de los eruditos más reconocidos del siglo XX. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, dramas teológicos, invenciones geométricas y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrecen tanto a los estudiosos como al lector casual. Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad.

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